Blog de Valentina Oropeza

«Una forma de justicia»

En la fila para entrar a la audiencia del caso de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el jueves 26 de marzo, había tres perfiles: periodistas, abogados y víctimas de torturas.

Mientras esperábamos para entrar en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, después de una madrugada con temperaturas cercanas a cero, conversé con varios venezolanos que habían estado presos en su país.

Renzo Prieto pasó cuatro años en el Helicoide y seis meses en un calabozo de las FAES. Durante aquella madrugada fría, recordó los días en que creyó que moriría de hipotermia dentro de una celda.

Pedro Rojas me contó que en el Zulia le aplicaron descargas eléctricas en la planta de los pies. Aunque sabía que Maduro y Flores no serían juzgados por la represión, sino por cargos de tráfico de drogas y armas, Rojas dijo: “Esta audiencia es una forma de justicia. Ahora le toca a él”.

Casi siete meses después, fiscales federales de Nueva York sumaron cargos contra el expresidente de Venezuela y su esposa por la presunta tortura de detenidos, entre ellos ciudadanos estadounidenses, en cárceles venezolanas.

La acusación tiene 30 páginas, describe los abusos con detalle y no revela la identidad de las víctimas ni de los perpetradores. Muchos de esos episodios coinciden con los relatos que escuché en aquella fila y con los abusos documentados por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela.

En marzo, lo que más me impresionó fue ver cómo Maduro y Flores habían perdido el poder de todo un Estado que giraba en torno a ellos. Hoy me conmueve que las historias contadas en voz baja, a la intemperie en aquella fila, ahora tengan un lugar en un tribunal federal, narradas por otras víctimas.

Fuentes: