trayectoria valentina oropeza

Bio

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VALENTINA OROPEZA

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No logré dejar atrás mi vida en Venezuela cuando me mudé a Estados Unidos en enero de 2022, tres meses después de la muerte de mi padre.

Emigrar resultó una buena manera de esquivar el duelo. La vida exigía movimiento y decisión, exactamente lo contrario de lo que yo quería.

¿Dónde quedaba mi hogar en ese momento? ¿Era un lugar o más bien la gente que amaba? ¿Podía construir un nuevo hogar en Estados Unidos? ¿Qué significaba la  palabra «hogar» en realidad?

Todo ocurría en otro idioma, a una velocidad que no alcanzaba a seguir, y sin espacio para llorar a mi padre o acompañar a la familia que se había quedado en Venezuela.

Había cubierto la emergencia humanitaria dentro del país durante años, la mayor parte de ellos al frente de la unidad de investigación que fundé en Prodavinci. Desde las historias de pacientes que no terminaban sus tratamientos porque no había medicinas, pasando por niños que morían de desnutrición, hasta el brote de malaria en el sur minero del país. 

Más tarde, en Estados Unidos encontré rastros de mi hogar en la cobertura de una historia que era consecuencia de la emergencia: la llegada de los migrantes venezolanos, como parte del mayor éxodo registrado en el continente americano.

Entendía bien dónde empezaban sus travesías y por qué habían abandonado Venezuela. Lo nuevo para mí era el peligro que encontraban en el camino: el cruce por la selva del Darién, por los países de Centroamérica y por el inmenso territorio mexicano hasta finalmente llegar a la frontera. 

Los migrantes venezolanos cruzaban aquellas rutas junto a personas de decenas de países, así que empecé a escucharlas también. Hasta que estuve parada en el desierto de Sonora, donde tantos migrantes morían, en el extremo oeste de la frontera entre Estados Unidos y México.

Cuando las leyes migratorias empezaron a cambiar, los testimonios se dieron vuelta: unos eran deportados, otros se marchaban para empezar de nuevo en otra parte. Hasta que dos terremotos nos sacudieron a todos, dentro y fuera de Venezuela.

La nueva tragedia confirmó una realidad que había documentado. El daño nunca fue solo el desastre. Estaba enraizado en las mismas estructuras que debían proteger a las víctimas.

Una década de cobertura —seis en Venezuela y cuatro en Estados Unidos— me enseñó que las heridas, la sanación, la pérdida y el aprendizaje nos pertenecen a todos. Esa es la historia que cuento en mis reportajes para la BBC, en el escenario durante mis charlas y en todo lo que escribo.

Trayectoria Valentina Oropeza

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Gracias,

A Andrea Benavides, por orientarme y acompañarme en el proceso de construir este portafolio.

A Verónica Oropeza y Manaure Quintero, por el diseño del logo y las fotografías. Y a John Fuentes por ocuparse del color.

A todos los que colaboraron, de una forma u otra, en la revisión de los contenidos de este portafolio.

 

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