Blog de Valentina Oropeza

«No eran víctimas anónimas. Eran vecinos»

Los ranchos de las montañas quedaron en pie. Los edificios de la ciudad se derrumbaron.

Cuando Susana Raffalli Arismendi visitó La Guaira por primera vez después de los terremotos, quedó sorprendida al descubrir que las zonas más vulnerables habían sido las menos afectadas.

Con 22 años en asistencia humanitaria, y experiencia en al menos siete emergencias de gran magnitud, Raffalli explica que en la mayoría de los terremotos el daño estructural coincide con la vulnerabilidad social: los más perjudicados suelen ser los más pobres.

Pero en La Guaira no ocurrió así. Mientras los ranchos fueron construidos por sus dueños sobre suelo de roca, los edificios de la costa se habían levantado sobre suelo arenoso.

Raffalli tampoco había visto que los sobrevivientes de una devastación de esta escala removieran escombros con sus propias manos para rescatar a sus familiares y vecinos.

Todavía recuerda a una señora de Los Corales que fue capaz de nombrar a cada uno de los vecinos que habían quedado bajo los escombros: el señor de tal apartamento, la señora de tal piso.

Aquella mujer se dedicó a buscar a personas que ni siquiera conocía.

«No eran cifras. No eran víctimas anónimas. Eran vecinos», dice Rafalli.

Esa solidaridad, en su opinión, ofrece dos interpretaciones: por un lado revela una sociedad que conserva una capacidad de organización enorme. Y por otro, demuestra que mucha gente ya no espera nada del Estado.

Su conclusión es que el desastre no es solamente el evento natural: una emergencia se convierte en desastre cuando la respuesta es inadecuada.

Esa frase resume lo que he documentado en Venezuela una y otra vez, durante una década cubriendo la emergencia humanitaria.

La entrevista completa publicada en BBC Mundo.